viernes, 8 de enero de 2016

Hay dolores que son solo míos

Uno a la vez. Hay dolores que son sólo míos. Me pertenecen como pocas cosas. He tenido cuidado en no abrazarlos ni consentirlos demasiado... pero a veces vuelven, se cuelan con fuerza y tienen los ánimos de un torbellino. A veces me arrastran. Me tientan. Y me sumerjo. Paso horas. Pasan horas. No se calman, se enfurecen y se retuercen ellos mismos.
Hay dolores que son sólo míos. Habitan en un lugar del corazón donde te dije no estabas... (En qué parte del corazón podrías no estar?) Se meten sin previo aviso. Ávidos de la incertidumbre y de las penas. Se cuelan justo ahí... En esa parte del corazón que haces palpitar con más fuerza... La de los dolores míos que tú causaste. La de los dolores míos de aquellos míos que se han ido sin ninguna duda y sin mirar atrás. Esa parte mía que me duele... En la que mezclo. En la que lloro. En la que me emputo... Y en la que al final del día me refugio.
La quiero y al tiempo la detesto. Odio esa parte del corazón tan mía, tanto como los dolores que son sólo míos y que hoy amor mío, no pude compartirte.
Quizás seremos esto hoy. Quizás lo seremos siempre. Acuérdate que me acuerdo de que quieres alcanzar tu cabeza. Y siempre ten en cuenta que yo siempre quiero alcanzarte el corazón.
T.a.
Natalia

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