viernes, 23 de abril de 2010

38 razones para no perder el votico

Columna


Ya que estamos a 38 días de elegir nuevo presidente, he aquí 38 razones que lo ilustrarán para tomar la mejor decisión. Este es su país, disfrútelo:

  1. Es un país sin Fiscal.
  2. Sin Tercer canal.
  3. En el que como en la buena cocina, hay que saber lavarse bien las manos.
  4. En donde la gente votó por sandías y bizcochos.
  5. En el que se cree que un debate es un cuestionario.
  6. No se sabe a ciencia cierta quién es la verdadera partera de la seguridad democrática, si Noemí o Martha Lucía.
  7. En donde hay zonas realmente francas.
  8. Ahora Jorge Alfredo compite con las modelos de televisión que aparecen a las 12 de la noche.
  9. En donde puede ir a visitar las pirámides, pero créame, puede que salga estafado de la visita.
  10. Por el cambio de Cambio.
  11. En donde otro santo ganará.
  12. Acá les gustan las arepas volteadas y bien quemadas.
  13. En donde roban pidiendo PINes para ganar uno que otro billetito.
  14. Tenemos una vecindad paranoica. A uno al que le encanta la rusa.
  15. Acá deberían chuzar más paquetes de coca y menos cables.
  16. El único lugar en donde un guiño es realmente cotizado.
  17. En donde da física pena que Noemí sea mujer.
  18. En el que creen que por tener Parkinson, la mano temblará para gobernar.
  19. En el que los más Santos mandan matar.
  20. Acá un candidato quedó con sólo 8 dedos para gobernar. ¿Qué tal le irá?
  21. En casa grande, reina sangre de Escobar.
  22. Por fin el daltonismo parece algo bueno, en vez de rojo, estamos viendo verde.
  23. Acá el procurador pide que no le exijan disciplinar al Presidente. Pobre tipo, tarea difícil!
  24. En donde los dos polos terminan uniéndose.
  25. Aquí se vende el Dummy del secuestrado bien barato.
  26. El metro se quedó sin medida.
  27. Acá se le tiene la mano con hueso y proteína.
  28. Podríamos fácilmente tener las palabras del escudo de Springfield: Corruptus in extremis.
  29. En el que aClararon al Polo.
  30. En el que se mandan carticas de felicitación entre curas. La no denuncia lleva el cielo con todos los santos.
  31. Es positivo que vale más un hipopótamo que cualquier santo.
  32. Acá todo es falso de toda falsedad. Somos reiterativos a toda costa.
  33. Aquí le informo, es mayor pecado coger la cola que cortarla con motosierra.
  34. Se le tienen filas y filas de gente yendo de un lado a otro en familia. Lástima que tampoco logramos tener el primer puesto en la lista de países con mayor número de desplazados, quedamos de segundos. Tendremos que trabajar menos para ganar más.
  35. Aquí tenemos kamikaze del intercambio humanitario. De ñapa un turbante.
  36. Cómo olvidar que acá si usted es jefe, usted tiene derecho a un ventilador.
  37. Y quién haya dicho que acá no hacemos concursos y que uno nunca gana nada, mire usted no más, rifamos notarías (con un alto índice de posibilidad de ganar).
  38. Finalmente, acá no se preocupe que todo queda en familia, con El Tiempo se irá dando cuenta.


Natalia Riveros Anzola.

domingo, 18 de abril de 2010

Hoy sólo te quiero pensar.
Recorrerte.
Inhalarte.
Entenderte como mi mejor cómplice.

En este momento... no sólo mis manos recorren mi cuerpo.
Tus manos se mezclan con mis dedos.
Sabes en qué punto exacto comienza mi cintura...
Pretendes no dejar ni un rincón sin tocar.

El calor preciso, el frío justo.
y esas 9 canciones que rondan por ahí.

Natalia Riveros Anzola.

jueves, 8 de abril de 2010

Columna
abril 8 2010



Cuando el corazón no está preparado para hablar de la muerte con humor, simplemente se abstiene y de él sale lo necesario para tratar de comprender algo que realmente se nos fue de las manos. No vengo a hablar de relaciones fallidas, ni de infortunios amorosos.

Son realmente frustrantes las últimas imágenes. La última mía todavía, después de casi 8 meses, pesa. Cerrarle los ojos y pedirle que descansara. Los sonidos de desfallecimiento, mis primos en el cuarto esperando el momento que nadie quería esperar.

Ella dijo que Dios la había abandonado y que no sabía por qué la noche la atacaba. Repetía, días antes, que le daba mucho miedo irse, que no sabía cómo iba a ser todo. Se despidió de sus tres hijos antes de que los ojos se le pusieran vidriosos y las palabras dejaran de salirle de la boca. Me despedí de ella, después de tanto pensarlo y saber que sería lo mejor.

Ella me llevaba casi todos los sábados, junto con Daniela, mi hermana, a que pasáramos la noche en su casa y nos despertaba con un desayuno delicioso. Mis primos se convirtieron en mis hermanos, Ofe y mi mamá, a parte de hermanas, se convirtieron en mejores amigas y con eso crecí.

En lo que no estaba mi mamá, siempre estaba mi tía. Resulta realmente difícil en este momento acordarme de ella sin esa última imagen. Pensamos que el cáncer no iba a ser tan cruel con su cuerpo, pero la dejó calva, sin fuerzas e inflamada. Tomaba todo en lo que ella depositaba esperanza, aguas, medicamentos, y mi abuela le ungía el aceite del Señor de los milagros, consagradamente todas las noches.

Creo que desde ahí, ando medianamente peleada con Dios, pero considero que es el sentimiento que genera la incertidumbre y sobre todo, la impotencia. Ante la muerte, somos esclavos de otros deseos y ese es el cuento final.

Me acuerdo que los doctores decían, luego de una quimioterapia de rescate, que en vez de curarla, ayudó a matarla, que no entendían por qué los químicos habían reaccionado de esa manera. ¿Qué hace uno cuándo dicen eso? Nosotros tuvimos que esperar a que despertara, luego de casi de una semana inconciente. Ofe nos contó que había visto, en ese letargo, a Dios y al diablo.

Agradeció haber vuelto de ese estado, dijo que ahora disfrutaría más la vida. Era tarde. Dos meses después no nos volvería a ver, ni la volveríamos a oir. Murió el 21 de agosto de 2009, a las 10:30 pm, era viernes. Era ella, mi tía, la que me crió como a una hija y en la que siempre vi a una madre.Yo todavía no puedo comprender que la que iba en esa caja de menos de 30 centímetros era ella.

Seguramente han perdido a alguien y me entienden. Seguramente a muchos los tomó por sorpresa aquella muerte, a nosotros, la enfermedad nos trató de preparar durante casi dos años. Yo la ayudaba a vestirse y siempre le dije que estaba hermosa, porque ella ya no quería ni verse al espejo.

Escribí las palabras, no fui capaz de leerlas en la misa. Mucha de su ropa me la dieron a mí, todavía no soy capaz de ponérmela. Su cama está ahí, justo al frente de mi cuarto, vivió conmigo casi un año y todavía en las noches miro curiosa para ver si aparece. Yo le hablo y le cuento cosas. Y le lloro y la recuerdo. Sueño mucho con ella y siempre la sueño bien y sana, siempre me dice que ya se cansó de estar donde estaba y que ahora sí quiere manejar, porque antes le daba miedo.

Yo todavía me acuerdo de lo que escribía antes de que se fuera, hoy vuelvo a escribir, sobre todo, porque a ella le encantaba leerme.

... Hoy eres mariposa, un girasol, un soplo, una vida . ...


Natalia Riveros Anzola.


viernes, 2 de abril de 2010

La flor roja


Se vierten la oscuridad en cada uno de sus dedos...
la saborean... la vuelven a escupir... pasa de los labios de ella a los de él, y así sucesivamente.
Él le pide que no lo deje de ungir de su tinta amarga... de esa que él se ha acostumbrado a sentirla dulce.
Ella sólo le cierra la boca. Recoge esa ropa vieja y gastada que compró en alguna baratija de la carrera séptima. Pasa los dedos por su pelo, totalmente estrujado y maloliente, que para él no había mejor suciedad que la de ella. Ella era limpia y era. Eso pasaba, era. Existía sólo en él y para él. Aspecto que ella no entendía.
Él lamía las sábanas tratando de recuperar-se, recuperar-la. Pero el rastro se iba en su afán, en ese afán que las almas indispuestas traen. Ella no lo quería a él.
Volvía de vez en cuando a ese rincón de oscuridad que sólo ellos lograban entender, porque a los ojos de la ciudad, era un lugar pútrido y lleno de malos recuerdos. Ella volvía al único lugar en donde la oscuridad tenía un sentido real, casi luminoso.
Pero él no conocía la oscuridad, la aborrecía, y por eso ella vestía de blanco y carmín con él. Necesitaba valerse de todos sus trucos (aunque muy pocos) para que él no oliera los besos del otro. Para que las huellas grises no se notaran en su piel.
De vez en cuando él la notaba enamorada. No podía no estarlo. Finalmente, le había dicho que era su mejor relación. Entonces ¿por qué volvía a ese rincón lleno de páginas carcomidas por el hambre de la noche? Se habría dado cuenta que ahora él se moría por ella, por esa que vestía siempre un vestido negro con lunares blancos y una flor al lado del corazón? Se habrá dado cuenta que el carmín no era para ella y que el esfuerzo no podría matar las ganas de pintar sus uñas de color asfalto y volver a sentir el alma marchita, tal como le ha gustado siempre.
A una mujer que le gusta la oscuridad, no se le debe sacar de allí. Sus pies se han acostumbrado al suplicio de los bichos y de la bruma. Su piel llena de hendiduras ha repetido mil veces el gusto de no ser observada. Él la observaba y ella sólo se cubría, él disfrutaba el sol aunque le quemara la retina. El otro odiaba el vino, pero lo vertía en su parte baja y la disfrutaba toda. Ella quedaba oliendo a barro, vino y sudor. No le disgustaba. La otra, siempre tenía un anillo de corazón en el dedo del medio. Tenía la piel suave, una que otra pena adentro, pero siempre sonreía y él pudo ver esa sonrisa. No pudo escapar después, no quiso escapar después.
Ella la envidiaba. La resentía. La quería lejos. Ya no se podía. Él sólo quería estar vestido de rojos y amarillos y uno que otro azúl. Detestaba el negro de su vida, de su sonrisa, de su magnetismo. Había elegido bien. Esa de vestido lo esperaba para bailar, esta vez en la oscuridad, pero con todos los faroles prendidos. Él, la esperaba a ella, en el mismo rincón oscuro, triste, pero con vida para los dos. Volvían a retorcer los cuerpos, él se arremetía contra ella y ella no pronunciaba ningún gemido. Le hubiera gustado haber conseguido una flor roja... igual a la que usaba ella con su vestido.

Natalia Riveros Anzola.