sábado, 9 de enero de 2016

Él

El amor a raudales. Tormenta. Charcos. Chispitas mariposa.
El impaciente disfrazado. El que impacienta cuanto tengo.
El fugitivo en su propia cabeza. El que aguarda. Espera. Considera.
El que analiza. Recuerda. Mira.
El que moja. El que escribe de vez en cuando eso de llover de amor.
El que alza los hombros después de cada frase en una conversación difícil.
El que vive haciendo música con los dedos con cada lápiz que encuentra. Lo pone a girar en medio de dos dedos y todo gira con él.
El que se quedó apenas llegó. El que no pude soltar, ni quise soltar aún cuando quise. El que me hace quererme a pesar de todo lo que he sido y soy.
El que quiere alcanzar su cabeza... Aunque a veces su cabeza se pierda en dolor. Al que le tiemblan los ojos y los párpados y las mejillas para contenerlo.
El que recorre. Se detiene. Se maravilla.
El que le ha ganado tantas batallas a la vida. Mi valiente. Mi presente. Mi angustia.
Mi velita de diciembre. Mi deseo de hace tantas velas y tantos cumpleaños. Mis palabras sinceras. Las que retumban. Las que se escapan... Como estas de hoy.
Mi antojo. Mi improvisación. Algo de chocolate con queso. El olor de la navidad. El dormir en una hamaca y que caiga el sol de a pocos. El que lee y fuma y escribe a la vez. El de las letras certeras. El del corazón inmenso... En el que yo habito. El que cuida, se cuida y me cuida. El que se olvida de él.
Él. Que me ha enseñado tanto a desaprender, a vencer, a no dejarme.
Él. El de los ojos crespos de hace tiempo. Los únicos que quiero.
El de las uñas gorditas y los pies que él detesta.
El de dormirme. El de quererme. El de sentirme.
El de hacerme reafirmar la idea de que valgo. Que valgo un mundo.
El de las pausas y los arrebatos. El del amor fuerte, amarrado, fugado. El que abraza y todo pasa. Él. Tú. Amor mío. Tú.
Natalia

viernes, 8 de enero de 2016

Los colores debajo de la cama

Justo ahí.

Hay dolores que son solo míos

Uno a la vez. Hay dolores que son sólo míos. Me pertenecen como pocas cosas. He tenido cuidado en no abrazarlos ni consentirlos demasiado... pero a veces vuelven, se cuelan con fuerza y tienen los ánimos de un torbellino. A veces me arrastran. Me tientan. Y me sumerjo. Paso horas. Pasan horas. No se calman, se enfurecen y se retuercen ellos mismos.
Hay dolores que son sólo míos. Habitan en un lugar del corazón donde te dije no estabas... (En qué parte del corazón podrías no estar?) Se meten sin previo aviso. Ávidos de la incertidumbre y de las penas. Se cuelan justo ahí... En esa parte del corazón que haces palpitar con más fuerza... La de los dolores míos que tú causaste. La de los dolores míos de aquellos míos que se han ido sin ninguna duda y sin mirar atrás. Esa parte mía que me duele... En la que mezclo. En la que lloro. En la que me emputo... Y en la que al final del día me refugio.
La quiero y al tiempo la detesto. Odio esa parte del corazón tan mía, tanto como los dolores que son sólo míos y que hoy amor mío, no pude compartirte.
Quizás seremos esto hoy. Quizás lo seremos siempre. Acuérdate que me acuerdo de que quieres alcanzar tu cabeza. Y siempre ten en cuenta que yo siempre quiero alcanzarte el corazón.
T.a.
Natalia

El mundo al revés

Cuentas saldadas pero no acordadas.
Amistades nulas. Rotas. Flojas. Echas mierda.
Heridas de quien nunca debió herirte.
Pasar la página.
Los libros.
Dormirse en una hamaca.

Sentirse completamente sólo y odiar el sentimiento.
Odiar varios sentimientos.

Muchas deudas, historias, palabras no dichas.
Malas palabras. Malas amigas. Malos amores.

Buen amor y buen vivir... Para luego?