lunes, 2 de agosto de 2010

¿Cuál es el estado del periodismo de televisión en Colombia?

El periodismo de televisión en Colombia se instaura desde una manera de contar, desde unas narrativas ajenas a los escenarios propios (el caso del primer noticiero que vio el país, Telenews, con narrativas y un formato estético norteamericano) y se ve ligado a intereses políticos en gran medida tendenciosos y cercanos igualmente a monopolios empresariales.

En primera instancia, existían noticieros de televisión pero no narrativas periodísticas como tal, o por lo menos no alguna que en inicio tradujera lo propiamente colombiano, es así como desde el principio hasta nuestros días, se ha adoptado el esquema técnico norteamericano, queriendo estar a la vanguardia de la tecnología, los sucesos y las maneras de contar, alejándose entonces de tratar de encontrar un mecanismo propio, una estética que sirva como referente de país, más allá de asemejarse a otros modelos periodísticos.

En segunda instancia, desde que la televisión ingresó a Colombia con Rojas Pinilla en el poder, se evidencia una estrecha relación entre el poder y los medios de comunicación. Es la televisión la que sufre los efectos de las decisiones de los mandatarios, por ejemplo, en el caso de Alberto Lleras Camargo, este presidente no tuvo gran empatía personal con los medios, por lo que en este periodo, la televisión decayó.

En cuanto al poder, este también está ligado a los monopolios empresariales, dueños actualmente de los medios de comunicación (Grupo Ardila Lule y Grupo Santodomingo). Aunque en el constituyente de 1991 se sugería desligar estos dos ámbitos, la realidad es diferente. Los medios se ven “mediados” por políticas institucionales y gubernamentales y se narra desde esos intereses particulares.

Hay que tener en cuenta otro aspecto y es que como lo explica Eduardo Noriega de la Hoz, ex comisionado de la CNTV (Comisión Nacional de Televisión), el poder no solo usa sino que también abusa de los medios. Es por eso que el periodismo de televisión antes de preocuparse por lo establecido en la constituyente del 91, que indicaba que la televisión debe formar, educar, recrear y consolidar la democracia, se ha preocupado por adherirse a estos intereses económicos, dejando de lado los fundamentos del periodismo, como la verdad, la transparencia y servir de ente fiscalizador del poder.

Ahora bien, es importante entender también que es desde los medios donde se legitima el poder, donde se distrae al receptor de temas álgidos, proporcionando cortinas de humo constantes, como es el caso del actual señalamiento de Fernando Tabares, ex director de Inteligencia del DAS, quien compareció ante el Fiscal delegado de la Corte Suprema y declaró que todas las órdenes para hacerle seguimiento a magistrados de la Corte y opositores del gobierno venían directamente de la Casa de Nariño, señalando tajante y directamente a Bernardo Moreno, Secretario General de la Presidencia. A esto se le añade varias noticias sobre el conflicto Venezuela – Colombia, saturando al televidente de este suceso y dejando relegado el otro, sin que ninguno de los dos sea más o menos importante, pero se le quita relevancia a temas tan importantes como las chuzadas del DAS, en el que se ve inmerso el presidente de la República.

Este tipo de prácticas periodísticas en televisión no van de la mano de la democratización anhelada. La agenda la imponen los monopolios empresariales, por lo que no se le está informando a la audiencia de manera adecuada. Entonces, cuando el periodismo debería y debe ser el ente fiscalizador del poder, parece entonces que es sólo una figura del titiritero, que responde a intereses, que informa según órdenes de entidades que no deberían tener dirección total de la información, porque para que exista democracia en los medios de comunicación es necesario que al gobierno le interese el hecho de construir un modelo y diseñar políticas que permitan el fortalecimiento de los medios locales, regionales y comunitarios, para que la voz sea diversa, para que se le inyecte el capital necesario a la televisión pública, que como explica Germán Yances, analista de medios de comunicación, es en este espacio en donde se reflejan las minorías que en la televisión privada no muestran, por no responder a dinámicas comerciales fuertes.

Es claro que desde los recursos que el Estado obtiene de la televisión privada, se fortalece la televisión pública, pero sobre lo que realmente es relevante abrir la discusión, es ¿por qué si los ciudadanos participan también de esta financiación, por qué se prefieren contenidos de canales privados o en muchos casos, de canales internacionales?

Retomando las ideas de Germán Yances, él sugiere que “lo que no aparece en los medios no existe”, desde este argumento, ¿está el periodismo a favor de quienes deberían conocer la verdad sobre diferentes asuntos nacionales o por el contrario, está permitiendo la no visibilización de temas concernientes y demandables de la conducta estatal? Se podría ver cómo esto sucede de acuerdo a los vaivenes de la política como se explicaba antes.

En materia de lo informativo, se ha visto diezmado el espacio de opinión. En noticieros como Noticolor y Contrapunto, había espacios para Darío Silva y Jairo Soto, en el que su nota editorial tenía un tiempo y espacio pertinentes, pero luego, los noticieros se ampliaron en formatos matutinos en donde primó el show Business y la puesta en escena, por lo que la noticia se volvió ligera, sin análisis juiciosos y relevantes. Es así como decae la manera de hacer noticieros por televisión, gracias a los efectos monopolizantes de los grupos económicos.

En materia de lo informativo desde el reportaje, actualmente los canales privados dieron espacio a programas como Séptimo día y Pirry, en donde se presentan temas que atañen a las minorías y sobre todo, se da un giro en la manera de contarnos desde nuestras narrativas o por lo menos, más allá de ejemplos simplones de lo que es ser colombiano, se permite que existan diversidad de voces que cuenten hechos ligados a las decisiones del estado, pero desde el papel de víctima o victimario.

Finalmente, se evidencia la necesidad de desligar al poder de los medios de comunicación, especialmente en un país donde es necesario contar tantas atrocidades y atropellos del poder ejecutivo y legislativo. Se debe entonces trabajar por la democratización de los medios de comunicación, para que el periodismo televisivo recobre y recuerde los fundamentos que lo sustentan, para que así el poder deje de abusar de ellos.

Se necesitan periodistas que estén dispuestos a no permitir los abusos y a contar la verdad, no la que les interesa a muchos que se sepa, sino las diferentes voces sobre un hecho, así se conseguirá pluralidad, porque como se sabe, hay varias versiones de lo acontecido.

Se entiende entonces que siendo la información un bien público, esta debe ser de calidad, para que así esté ligada a la democracia y a una relación que beneficie las narrativas, los argumentos y el debate en una nación donde hay tanto por contar, pero que al existir restricciones y censura, se ha promovido un descenso en la calidad de hacer periodismo.

Natalia Riveros Anzola.