jueves, 27 de noviembre de 2008

Escribir. Editar. Denunciar. Pintar. Recrear. Sentir. Vivir. Experimentar. Escribir... Escribir...

Pensar en el periodismo colombiano es bastante complicado hoy en día, ya que, tan solo con el hecho de decir que se está estudiando o se trabaja en el oficio, la primera reacción es de advertir el peligro, de oír en los otros que ser periodista es ser un chismoso, es vivir de la vida de los otros, de lo malo, de lo bueno, pero sobretodo de lo malo.
Es difícil vivir con ese estigma de perturbador de la vida ajena, porque considero que el periodismo debe ser algo más, debe ser una vocación con la que se ayuda y no se hunde al otro.

Es por eso que hacer un balance del periodismo colombiano es remitirse a pensar en la verdad, ¿qué tipo de verdad estamos contando? ¿A quién beneficia? ¿Somos capaces de decir la verdad, o estamos cohibidos por el miedo de desaparecer un día de estos por lo que contemos? Estas son las preguntas que nos abordan al empezar este oficio, en el miedo de caer en el amarillismo, en los extremos que pueden afectar a otros. Porque es claro que el arma más temible es la palabra, ya que lo que se escriba o se diga puede tener repercusiones hirientes en otros.

Pero no podemos dejar de hacer algo porque otros tengan malos conceptos acerca de esto, así que creo que el oficio de periodista debe estar ligado a lo social, a generar un cambio positivo en la gente, en su pensamiento, sus voces, su presente y futuro. Por eso es tan importante mirarlo desde una perspectiva histórica, para que, aunque suene a repetición, evitar cometer errores que han tachado al país, a los civiles, a los campesinos, a las mujeres, los hombres, y otros aspectos.

La historia es algo que no se puede evitar, ni cambiar, porque lo pasado debió ser vivido, así como el futuro deberá serlo, por eso, con ansias positivas de cambiar algo, de cambiar algunos caminos, algunas vidas, espero que en unos años el balance sea más positivo que negativo. Hasta entonces.

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