jueves, 9 de diciembre de 2010

Tacones altos


Se había enamorado y de qué manera!
Había encontrado en él todo lo que hacía falta en su alma. Le habían roto el corazón, los pies y las ganas. La amargura iba y venía... a veces la visitaba más de la cuenta.
Cada 7 de diciembre prendían las velas. Muchos colores y mucha luz. Se miraban y se sentían en casa. Él era su hogar, realmente lo era.

Ella dejó de bailar. Dejó de fumar y dejó de reirse a carcajadas, pero aún sin todo eso, se sentía feliz. Era un hombre que la hacía sentir segura... Seguramente le partiría el corazón.
El corazón feliz es el más fácil de quebrar. Se quiebra en momentos que no se esperan...
Ella lo extraña. Lo recuerda en todo. Ve su cuerpo en el espejo y ve sus manos en él. Va de compras y sabe qué le gustaría comprar a él. Va en el carro con una caja de cigarrillos ligeros y siente que la velocidad no va a lograr quitar ese ahogo que siente en el pecho. Ese ahogo de soledad.
Claro que es mejor sentir rabia!
La tristeza sólo la entiende uno... en momentos de domingo y en perezas de lunes.

Ella podía usar tacones con él. Tacones altos.
Él siempre la veía hermosa. Cómo no ver hermosa a esa mujer!

No sé en qué momento los ojos de él dejaron de mirarla y ella no sabe en qué momento sus besos ya no fueron para él. Se distanciaron en el mismo momento, se traicionaron la misma tarde. Se siguen queriendo en las noches y se siguen amando en muchas tardes, sobre todo en esas tardes de velitas.

Él extraña la calma y la cama con ella. Él extraña sus besos y su manera de cuidarlo. Ella extraña hasta las peleas y ya no le importa que a él no le guste bailar. Lo extraña porque ha sido suyo muchos días, hasta esa tarde en que no lo fue.

En mi lado de tu cama


Dicen que en la cama no hay lados... Eso dicen los que dicen saber.
Pero tú y yo que no nos vangloriamos de cuánto sabemos... Entendemos que lo mío es el lado derecho de tu cuerpo y lo tuyo es el lado izquierdo del mío. Así lo entendemos.
Es así como nos acostamos llenos de ropa o llenos de desnudez.
Así es como somos.

Alguna vez traté de dormir en tu lado. No pude. Tu cama ya conoce cuantas cosas me gustan y en cuantas otras no me acomodo. Pero debo decirlo, contigo es difícil no acomodarme. Tú pones algo tuyo en mí y se acopla de manera sutil, rápida y calientita. Nos acomodamos. Sabes dónde me gusta estar y cómo me gusta bailar.

Y hoy quiero que bailemos muy cerca. Te invito.

Definitivamente me encanta el amor después de hacerte el amor.

martes, 7 de diciembre de 2010

7 orgasmos

Generalmente ella cubría todo lo que debiera cubrirse con sus manos. Se ponía rápido la ropa para no verse desnuda, tonta ella que no captaba que hasta hace unos minutos, él había visto todo lo que ella jamás había querido ver de ella misma. Se cubría los senos y las piernas. No quería ser vista, no del todo, no tanto así.

Ella y él no se conocían.
Se conocieron y se gustaron.
Ella fue la que en un afán de dar las gracias.. terminó dándole un beso que él supo responder.
En un afán de caricias ella tomó sus manos y él las apretó fuerte.
Nunca antes alguien le había hecho el amor a sus manos. Sus manos sólo le habían servido para escribir y de agenda personal. Siempre había mensajes con tinta escritos en el dorso de su mano para no olvidar.
Él le preguntó que de dónde venía esa maña. Ella respondió que su maña era olvidarlo todo. Ella escribió su nombre en el dorso de él y desde ahí él tampoco ha podido olvidar ese nombre.
Bebieron vino caliente. Uno no muy bueno, pero sabía excelente.
Y se encontraron.
Desde la primera vez se saborearon. Se degustaron. Tal como les gustaba.
No supieron ni cómo ni cuándo, pero ambos tenían las instrucciones del otro.
7 orgasmos y uno largo para él.
Se desnudaron con prisa pero muy atentos de no perderse nada.
Se sorprendieron de esa complicidad ganada. Se sorprendieron de lo bien que les iba.

Esa primera vez se repitió muchas veces.
7 orgasmos y unos cuantos más. Unos más para él.
Siempre hay orgasmos. Siempre hay gemidos. Y siempre, siempre quedan con ganas de más. No consiguen saciarse. Se calientan al verse. Se miran, se timan, se contaminan bien.

Ahora ella sólo quiere que todo de ella esté cubierto por las manos de él.