Urgencias II
He visto en los ojos de muchos
Una urgencia de querer
Una urgencia de quedarse. De quererse quedar.
He visto también una urgencia de huir. De romper. De quebrarse.
Urgencia de verse, de lamerse, de extrañarse.
Una urgencia simple de amarse.
Las palabras del final se dicen ahora muy rápido. Hay mucho afán. Muchas urgencias juntas.
Urgencias incoherentes.
Urgencia de amar, pero no del todo.
Urgencia de irse, pero no muy lejos.
Urgencia de olvidar, pero sólo a ratos.
Urgencia de caminar. Pero no de la mano.
Urgencia de desvestirse... quitando sólo lo necesario.
Urgencia de leer... pero sólo ciertos párrafos.
Una urgencia de querer
Una urgencia de quedarse. De quererse quedar.
He visto también una urgencia de huir. De romper. De quebrarse.
Urgencia de verse, de lamerse, de extrañarse.
Una urgencia simple de amarse.
Las palabras del final se dicen ahora muy rápido. Hay mucho afán. Muchas urgencias juntas.
Urgencias incoherentes.
Urgencia de amar, pero no del todo.
Urgencia de irse, pero no muy lejos.
Urgencia de olvidar, pero sólo a ratos.
Urgencia de caminar. Pero no de la mano.
Urgencia de desvestirse... quitando sólo lo necesario.
Urgencia de leer... pero sólo ciertos párrafos.
De vez en cuando alguna urgencia nos llama.
Nos encanta. Nos enamora.
También nos engaña. Nos lleva
a menos.
Nos hace dudar de la urgencia
misma.
Nos cuestiona. Nos embarga.
Nos embriaga.
...Dejémonos para más tarde...
Para cuando haya urgencia sensata, roja,
rica.
Para cuando haya un amar dispuesto. Generoso. Amplio.
Para cuando no haya urgencia
de irse. Ni de quedarse. Solo de estar.
Hay verdades urgentes, llenas de mentiras
urgentes.
Hay corazones urgidos de urgencias vacías. Muertas. Lentas.
Hay tristezas urgentes que no dan espera.
Y uno solo espera.
Hay corazones urgidos de urgencias vacías. Muertas. Lentas.
Hay tristezas urgentes que no dan espera.
Y uno solo espera.
Nos han enseñado a esperar. A pensar que
pudo haber sido diferente.
A cuestionar lo necesario – y lo
innecesario –
A esconder las cicatrices una y otra vez.
/Aunque
te hayas desnudado 44 veces y no las haya visto
/Aunque
todavía no pueda cerrar los ojos y recorrerte de una vez
Correrte.
Corrernos. Venir e irnos tantas veces y al mismo tiempo.
Hubiera
sido mejor no reconocernos en tantas partes, ni tantas letras, ni tantas
cartas. Menos mayo, más septiembre.
…Él Ella…
Se volvieron demasiados puntos suspensivos.
Al final no sabían qué hacer con ellos. Trazaron muchas líneas. Garabatearon.
Leyeron juntos cuentos de niños en la cama.
Impulsos quebrados. Palabras en cartas que
no volvieron a aparecer.
Tenían tanta urgencia de quererse. De
lamerse. De untarse.
Retorcerse.
Hasta
de pronto, de amarse.
…Él Ella…
Estás
de más.
Estoy
de más.
¿Vino?
No puedo mezclar esta urgencia
con vino.
¿Y si
vienes?
No puedo mezclar esta urgencia
contigo.
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