domingo, 14 de septiembre de 2014

Urgencias II




He visto en los ojos de muchos
                               Una urgencia de querer
                               Una urgencia de quedarse. De quererse quedar.

He visto también una urgencia de huir. De romper. De quebrarse.
Urgencia de verse, de lamerse, de extrañarse.
                                                                   Una urgencia simple de amarse.

Las palabras del final se dicen ahora muy rápido. Hay mucho afán. Muchas urgencias juntas.

Urgencias incoherentes.
Urgencia de amar, pero no del todo.
Urgencia de irse, pero no muy lejos.
Urgencia de olvidar, pero sólo a ratos.

             Urgencia de caminar. Pero no de la mano.
             Urgencia de desvestirse... quitando sólo lo necesario.
             Urgencia de leer... pero sólo ciertos párrafos.

De vez en cuando alguna urgencia nos llama. Nos encanta. Nos enamora.
                 También nos engaña. Nos lleva a menos.
                 Nos hace dudar de la urgencia misma.
                 Nos cuestiona. Nos embarga. Nos embriaga.

...Dejémonos para más tarde...

Para cuando haya urgencia sensata, roja, rica.
         Para cuando haya un amar dispuesto. Generoso. Amplio.
                  Para cuando no haya urgencia de irse. Ni de quedarse. Solo de estar.

Hay verdades urgentes, llenas de mentiras urgentes.
Hay corazones urgidos de urgencias vacías. Muertas. Lentas.
Hay tristezas urgentes que no dan espera.

                                 Y uno solo espera.

Nos han enseñado a esperar. A pensar que pudo haber sido diferente.
A cuestionar lo necesario – y lo innecesario –
A esconder las cicatrices una y otra vez.

                               /Aunque te hayas desnudado 44 veces y no las haya visto
                               /Aunque todavía no pueda cerrar los ojos y recorrerte de una vez

                Correrte. Corrernos. Venir e irnos tantas veces y al mismo tiempo.

                               Hubiera sido mejor no reconocernos en tantas partes, ni tantas letras, ni tantas cartas. Menos mayo, más septiembre.

                                               …Él                                                                        Ella…

Se volvieron demasiados puntos suspensivos. Al final no sabían qué hacer con ellos. Trazaron muchas líneas. Garabatearon. Leyeron juntos cuentos de niños en la cama.
Impulsos quebrados. Palabras en cartas que no volvieron a aparecer.
Tenían tanta urgencia de quererse. De lamerse. De untarse.
                                                               Retorcerse.
                                                                                              Hasta de pronto, de amarse.

                      …Él                                                                                               Ella…

Estás de más.
                                                                                                                             Estoy de más.

¿Vino?

No puedo mezclar esta urgencia con vino.
¿Y si vienes?

No puedo mezclar esta urgencia contigo.




viernes, 28 de febrero de 2014

No era de esos.

- No soy de esos. De los que cogen la mano y caminan cerca. No soy de los de inventarse nombres ni consentirse todo el tiempo. No lo soy. Y tú siempre esperas que lo sea.

- Sí... creo que es cierto. Siempre lo espero.

- Pero entiende que no es contigo. He sido así siempre. Quiero de una manera diferente, y digámoslo claro, de una manera muy diferente a la que te acostumbraste. No doy sorpresas, no soy de emociones fuertes.

- Pero te he visto feliz antes.

- Antes... dices, con otra persona?

- Sí. Sonreías más. Te enamoraste esa vez?

- Yo creo que sí.

- Enamorarse es del putas.
También me pasó una vez. Una buena vez.

- Te pasó conmigo?

- Quise que me pasara contigo.

Enredos

- ¿Trabajar como periodista?
    R/ ¿Y ganar una miseria? ¿y estar sujeta a quien paga la pauta? ¿y tener un editor que poco y nada sabe de edición?

Trabajar como periodista
   R/ y narrar. viajar. conocer. llenar el corazón. recorrer lo mil veces recorrido pero contarlo distinto. llenarse de colores, olores, mil sabores. Ir a Quibdó y andar en rapimotos. Ir a Ataco y entender que en cuatro cuadras a la redonda encontrarás todo lo que hay por encontrar. Ir a Tunja y sentir un frío helado.

 - ¿Trabajar por la paz?
  R/ y ver a los mismos en el Gobierno? Y permitir que sigan utilizando la paz como caballo de batalla? y debatirse hasta qué punto sí es posible? y aguantar los reclamos de tantos de tantas promesas incumplidas?

Trabajar por la paz.
Por la reconciliación. Por un futuro. Por tantos niños pobres. Por la paz. Por el país. Por mi hermana. Por mi familia. Por los territorios. Por esto que es mío.


Siempre pensé que me dedicaría a ser periodista. Siempre.
Desde que recuerdo escribo. Tengo los cajones llenos de libretas, a la vez llenas de frases, historias (poquísimos cuentos). Creo que trabajaré siempre contando historias. Quizás no como periodista.
Trabajaré por la gente. Por esas historias. Eso es.

N.

Canción del Amor Sincero


Prometo no amarte eternamente, 
ni serte fiel hasta la muerte, 
ni caminar tomados de la mano, 
ni colmarte de rosas, 
ni besarte apasionadamente siempre. 

Juro que habrá tristezas, 
habrá problemas y discusiones 
y miraré a otras mujeres
vos mirarás a otros hombres
juro que no eres mi todo
ni mi cielo, ni mi única razón de vivir, 
aunque te extraño a veces. 

Prometo no desearte siempre 
a veces me cansaré de tu sexo 
vos te cansarás del mío 
y tu cabello en algunas ocasiones 
se hará fastidioso en mi cara

Juro que habrá momentos 
en que sentiremos un odio mutuo, 
desearemos terminar todo y 
quizás lo terminaremos, 
mas te digo que nos amaremos 
construiremos, compartiremos. 
¿Ahora si podrás creerme que te amo? 

autor: Raúl Gómez Jattin

No lo menciones

No te olvido.

He querido hacerlo. Día tras día.
Pero no te olvido. No puedo.

Y esto va más allá de una carta con apuros.
Uno no olvida lo que más ha querido. Lo añorado. Lo amado.

No sé si moriremos de viejos. Si volveré a tener mi sala llena de tus bombas en mi cumpleaños. No sé si compraremos una casa grande y vieja. No sé si compraremos algo para los dos. Pero no te olvido.

Ni tus torpezas (alicientes del corazón), ni tus ojos crespos, ni tu bondad.
No olvido las charlas. Los besos. El sexo.
No olvido las letras para ti (aunque a veces se demoren en llegar). No olvido el vino contigo, ni venirme contigo. No te escapas del todo.

El corazón con fugas. Figuras raras. Dolor contenido.

No te olvido. Siempre que pienso en tí, sonrío.


N.

jueves, 13 de febrero de 2014

¿Y el amor eterno?


Ese es de inteligentes que estructuran y modulan los patrones de acción fijos sobre la base de ver al otro como la mano de uno. Cuidarla es mi responsabilidad y viceversa. Saber que no habrá puñalada trapera es la norma. ¡Nunca, primero me matan tres veces! Esa es la clave neuronal del amor eterno, la que mantiene el estado funcional activo y bloquea cualquier cosa que le sea contraria. Es una calidad de estado mental. Si se entiende no hay otra posibilidad que amar al otro; en cambio, querer acostarse con otro y pasarla rico no es amor. Amor es compromiso y cerebralmente está en el cerebro truhán. Uno no se enamora de una mujer porque tiene unas tetas buenísimas, uno se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza, con las tetas no.Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.

 Rodolfo Llinás