martes, 22 de noviembre de 2011

Irrelevante

Me has dejado el corazón queriéndote tanto...
No me permitiste nada... y de un momento a otro el "no me dejes" no importó más.
Cómo nos dejamos ser...
Vuelve,

Te escribo a ti porque eres el único que lee y entiende. El que lee... el que lee hasta lo que no quiero escribir.
Te amo con un amor que no conocía. Uno sordo... vivaz, tranquilo. Te amo con toda la tranquilidad en el alma que has sabido darme.

En qué momento empecé a volverme irrelevante...
En qué instante dejé de colmar tus espacios y tus líneas... tu hoyito de la quijada y tus pestañas.
No me quiero ir a la cama sin ti. No quiero irme a ningún lado sin ti.
Cómo dejaste que nos dejáramos queriendo así. Cómo dejaste?
Sé que tampoco sabes cómo hacer, pero aprendiste o te ha tocado aprender a ser más egoísta de lo que yo he sido en mi vida. No siento rencor. No siento nada malo por ti. En cambio, siento todo lo bonito... todo lo humano y todo tu cuerpo en mi. Tus manos y como yo metía mi puñito para que me calentaras las manos.

Sometimes it lasts in love... but sometimes it hurts instead.

Vuelve mi cielo. No me dejes queriéndote tanto. No así.

Nov22

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Un novio inútil - Palabras prestadas

Soy un novio inútil. Discapasitado, más bien mutilado. No tengo sonidos ni tengo tacto. Ni siquiera puedo producir un leve estremecimiento con el fragor de mi boca sobre la hendidura en su panza donde reposa el ombligo.
Las uñas no me crecen. El pelo no produce ningún cosquilleo al paso de una mano fina, ni huele a shampoo, al suyo, al que me dejó como si quisiera extenderse a través de su propio olor.Mis pies no lanzan un corrientazo 
frio cuando la rozo al comenzar la noche y las sábanas aún no se han rabado el calor de su respiración. Mis piernas no le atormentan con su salvajismo y mis brazos no la asfixian con su calor exagerado. Ella, valiente y
triste no tiene mi espalda para besarla o arañarla. Tampoco puede jugar con mi nariz, no puede arrancarla a pedazos, no le es posible desaparecerla a pellizcos. Le gustaba morder mis orejas. Ahora no las tiene. Ni mis 
hombros.
 
La cara. Es un suspiro, un mero recuerdo que se le pierde entre los minutos que pasan y no dejan de pasar porque si dejaran de pasar se acabaría la esperanza y la esperanza es lo único que queda. Respiro. Fue una frase 
larga que me quitó el aliento. Pero ni esa respiración profunda que acaba de pasar por mis labios ni tampoco ese suspiro leve que la antecedió estarán con ella. También me mutilaron el aire. El cálido aire de mi aliento 
el frio quebrantado aire de mi respiración se fugaron de su lado y se quedaron conmigo. 
Me quedan las palabras. Algunas le llegan. Otras no. Es desesperante. Los mensajes llegan a medias y con otro sentido. Pero ese no es el problema. Yo he sido un hombre, más bien un niño, impaciente y cariñoso. Estruendoso 
y silencioso. Son un trueno tímido. Que parte los árboles por la mitad y después se esconde entre la noche de puro arrepentimiento. El problema es que la noche me asusta. La soledad de la noche me atemoriza tanto que, al 
final, hago rugir toda una tormenta para poderme esconder entre el caos encendido y violento de los truenos. 
Al final lloro. Para mi fortuna, ella también tiene palabras y me consuela. Y entonces pongo mi cabeza mutilada en su pecho, mi cabeza de aire, mis lágrimas secas mis ojos rojos e hinchados sin color ni forma. Una furia 
derretida y apenada en el regazo de una mujer valiente y amorosa. Así me defino, y con mi definición trato de esbozarla a ella.
 
A ella que la amo tanto. Con mi cuerpo mutilado, con mis palabras sensibles, con mis relámpagos apagados, con mi corazón vuelto hacia su presencia, que es la mia también. Acaso será esa nuestra fuente de vida. 





V.B.

lunes, 25 de julio de 2011

De aquellos desencuentros encontrados...

El corazón lleno de miedo.
La vida vacía de todo. Hasta de mí.
Llenas las memorias de olvidos. Vacíos los olvidos de todo.
Todo es lo que estorba y lo que harta.
Una vida entera de lodo, mariposas empantanadas y ramas marchitas.
Una vida entera sin infancia.
Una vida llena de recuerdos de otros.

No te vayas.
No sabría qué hacer sin ti.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Quiebre


Hoy quiero bailar sobre todas las letras que no he escrito, ni pronunciado, ni susurrado.
Dejar estelas de telas sobre las tildes, dejar algunas agujas sobre cientos de palabras mudas y discordantes.
Hoy quiero rasgar las vocales y morder las frases y los sumarios.
Me quiero devorar. Quiero devorar todo lo que no ha salido de mi boca y tantas cosas que no salen terminan impregnándose en un beso húmedo y sincero. Hoy necesito bailar sobre tantas palabras roca y vomitar en algún rincón de un poema. Hoy necesito verterme y morderme y sentirme. Necesito bailar estas letras que hace tanto no se componen de alguna manera. Necesito caminarlas y recorrerlas, besarlas, cargarlas y cagarla.
Necesito sobre todo, pegar cada una de sus curvas en la curvatura de mi lengua y de mis ojos, plasmar en cada línea de mis dedos algunos puntos de las íes. Necesito bailar y escribir y escupir tanta estupidez que se viene a ratos y no puede traducirse en ninguna letra. Recorro todas las letras y todos mis ángulos. Recorro con los tobillos algunas O y con las caderas algunas Y. Necesito sentirme y sentirlas. Algo debe salir después de tanto escondite.
Escondidas están las ideas, tímidas de algún quiebre.

jueves, 24 de marzo de 2011

En palabras sexuales de otro

Las caderas no mienten

Escrito sobre mí por Rodrigo Sandoval

Hace mucho tiempo escribí unas historias verdaderas que hacían parte de mi serie sexual. No volví a escribirlos porque en casi todos los cuentos hay algo de mis experiencias, bien sea un roce, una habitación, unas piernas y, por qué no, un pipí. En estos días estuve pensando que debería volver a escribir algo para completar la serie sexual y pensé comenzar estos escritos con una oda al pene, que en estos días publicaré. Sin embargo, hoy llegó a mí una solicitud twittera que no pude rechazar: mi querida amiga Natalia Riveros puso que quería que escribiera algo de ella.

Cómo no hacerlo si esa mujer tiene las caderas más sabrosas que yo he visto, los ojos más coquetos y la mejor actitud sexual. Y entonces me puse a pensar en las mujeres que siempre me han parecido sexy. Hice un top y allá arriba resultó estar Nati.

Entonces recordé cómo la conocí y sus enormes ojos me vieron por encima de las gafas y escanearon mi cuerpo. Me sentí intimidado y alegre, nada más rico que sentir que unos ojos defectuosos te miran. No, no era con deseo, aunque así me habría gustado que me viera. Sonrió coqueta y saludó con cariño. Aquí va a haber amistad pensé ingenuamente. Ella me odió desde el principio, mi ropa desaliñada, mis impresionantes ñoñerías, mi afán por sobresalir del grupo. Pronto descubrió que detrás de mis gruesos lentes había una persona menos interesada por impresionar que por criticar y entonces me volví, parafraseando a Fausto, un hombre de su propio corazón.

Y entonces descubrí sus caderas, su andar pausado, su remeneo. Me detuve muchas veces a ver como de dos indefensos tobillos se encaramaban unas impresionantes piernas que terminaban redondeadas en una pelvis casi perfecta. Si algún día fuera a pensar en reproducirme, ella podría hacer las veces de mamá sin problemas. Me la imaginé acostada con las piernas abiertas y las caderas en posición. Otra pelvis en movimiento pendular, sus gruesos muslos apretando y sus delicados pies ayudando a la otra pelvis a entrar. Y de repente me encontré con una erección.

Verdad, las caderas no mienten (y sí, sueno muy Shakira). Después de tres conversaciones al amparo de un café y una sombrilla descubrí que la imagen se había quedado corta. Me la he imaginado cabalgando, encaramada en el mesón de la cocina, arrinconada en la ducha, gimiendo sobre la lavadora. Mierda, más erecciones. Eso pasa cuando uno descubre que las palabras y los gestos dicen mucho de la persona sexualmente.

Nati también gusta de pipís, habla de cucas sin desparpajos y le encanta morbosear paquetes. Sus caderas tienen la misma actitud que sus palabras y sus nalgas se mueven al compás de sus coquetos labios. Una sensual voz habla de política de una manera tan atractiva que si fuera incrédulo inscribiría mi cédula sólo para seguir sus comandos. Las mujeres así, bellas e inteligentes, me encantan. Punto